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Radioterapia
La radioterapia es un tipo de tratamiento que
consiste en administrar dosis controladas de
radiación con el fin de destruir o reducir las
células cancerosas. Utiliza rayos de alta energía
(del mismo modo que en las radiografías).
La radioterapia se emplea como terapia local (en la
zona donde está el tumor) o como terapia
locorregional (cuando se incluyen los ganglios
cercanos al tumor). Se puede administrar como
tratamiento complementario a la cirugía, o como una
alternativa a la misma cuando esta última no está
indicada.
Esta radiación puede administrarse desde fuera del
cuerpo (radiación externa) o provenir de materiales
radiactivos colocados directamente en el tumor (radiación
interna o por implante, también conocida como
braquiterapia).
La radiación externa es el tipo de radioterapia que
se utiliza con mayor frecuencia para tratar el
cáncer del pulmón. Se aplica desde el exterior
mediante unos equipos generadores de radiación,
llamados aceleradores lineales. El especialista que
determina qué dosis de radiación es la adecuada a
cada paciente, cómo y cuando se debe someter al
paciente a las sesiones, y el propio encargado de
administrarla es el oncoradioterapeuta.
Para evitar al máximo el daño a los tejidos sanos,
la radioterapia no se administra en una única sesión,
sino que se administra durante varios días. La
duración de cada sesión es de 15 minutos
aproximadamente, cinco días a la semana, durante un
período de entre tres y seis semanas, según el
protocolo que se aplique. La duración exacta de la
terapia dependerá del tipo y el estadio del cáncer.
No es necesario estar ingresado para recibir el
tratamiento, y no es un tratamiento doloroso.
Con anterioridad a recibir el tratamiento es
necesario calcular la radiación óptima y
personalizada a cada paciente. Esto se consigue
mediante la realización de un escáner o TAC en la
posición que el paciente adoptará durante el
tratamiento, que debe ser la misma en todas las
sesiones. Se realizan unas marcas en la piel con
tinta que ayudan al personal sanitario a aplicar el
tratamiento exactamente igual todos los días. Estas
marcas no se deben borrar, deben permanecer durante
todo el tiempo que dure el tratamiento con
radiaciones.
La radioterapia en algunas ocasiones es el
tratamiento principal contra el cáncer del pulmón en
pacientes demasiado debilitados para someterse a
cirugía, o en aquéllos cuyo cáncer se ha extendido
tanto que no se puede extirpar con cirugía. En otros
pacientes se puede utilizar la radiación después de
la cirugía, para destruir pequeñas áreas de cáncer
que no se pueden ver y sacar durante la cirugía,
para “acabar de limpiar” los pulmones del cáncer.
La radiación también se utiliza para aliviar
síntomas, como el dolor, el sangrado, la obstrucción
de las vías respiratorias o la compresión de
estructuras nerviosas o vasculares causada por el
cáncer; o como tratamiento del cáncer del pulmón
metastático, cuando el cáncer ya se ha propagado a
otros órganos, como a los huesos o al cerebro. Al
igual que en el caso de la cirugía, la radioterapia
no se puede utilizar para el tratamiento de un
cáncer diseminado (salvo con fines paliativos), ya
que la radiación también daña las células normales
del cuerpo.
Es importante saber que por el hecho de recibir
radioterapia no se está expuesto a radioactividad,
ni durante la sesión, ni después de la misma. Sus
relaciones con la gente que le rodea en su vida
personal y en el trabajo no se verán afectadas por
el hecho de estar recibiendo esta terapia.
Otras técnicas de radioterapia
Recientemente están apareciendo nuevas técnicas de
radioterapia externa más sofisticadas, como la
radioterapia estereotáxica fraccionada, que permite
al médico dirigirse al tumor del pulmón con más
certeza que nunca, con lo que es más seguro
administrar dosis muy altas de radiación sin dañar a
las células sanas de la vecindad.
La braquiterapia, también conocida como radioterapia
interna o “implantación de semillas”, consiste en la
colocación de una bolita pequeña de material
radiactivo directamente en el tumor y alrededor del
mismo. Estas "semillas" radioactivas son en realidad
cilindros metálicos diminutos que contienen un
material radioactivo.
Esta técnica permite aplicar una dosis de radiación
muy concentrada y localizada. Raras veces se usa
como tratamiento inicial del cáncer del pulmón, pero
se recomienda en ocasiones si el cáncer ha regresado
y está obstruyendo alguna de las vías respiratorias.
Efectos secundarios de la radioterapia
La aparición en mayor o menor grado de los efectos secundarios
depende de varios factores:
- De la técnica empleada.
- De la dosis total administrada.
- Del volumen irradiado.
- De la susceptibilidad de cada paciente y de sus enfermedades asociadas.
Existen efectos secundarios generales y comunes a
los tratamientos de radioterapia en cualquier
localización, y otros específicos del tratamiento
del cáncer de pulmón.
El problema general más frecuente es el cansancio,
también llamado astenia. Este cansancio suele
desaparecer unas semanas después de finalizar el
tratamiento. Los pacientes también refieren malestar
general y pérdida del apetito.
Los efectos secundarios específicos pueden incluir
problemas leves de la piel, náuseas, dolor al tragar
y tos o dificultad respiratoria. La mayoría de los
efectos secundarios de la radioterapia desaparecen
una vez finalizado el tratamiento.
- En la zona tratada puede desarrollarse irritación de la piel, aunque este efecto es cada vez menor con las técnicas actuales.
- Si se administra radioterapia en el cuello, o en el centro del tórax, los pacientes pueden desarrollar dolor de garganta y presentar dificultad para tragar (disfagia). La radiación provoca alteraciones de la mucosa del esófago, el conducto del sistema digestivo que conecta la boca con el estómago, dando lugar a una esofagitis. Esta inflamación se manifiesta a las 2-3 semanas de iniciar el tratamiento con una dificultad para tragar determinados alimentos, fundamentalmente sólidos.
- La radiación al tórax puede causar daño pulmonar y dificultad respiratoria Si la radioterapia irrita o inflama el pulmón, los pacientes pueden tener tos, fiebre o disnea durante meses y, a veces, años después de finalizado el tratamiento. Esta afección se presenta en un 15% de los pacientes y se llama neumonitis por radiación. Si es leve, no requiere tratamiento y se cura por sí sola. Si es grave, puede requerir incluso tratamiento con corticoides.
- La radioterapia también puede dejar cicatrices permanentes en el tejido pulmonar cerca del tumor canceroso. Normalmente, las cicatrices no presentan síntomas; pero las cicatrices generalizadas pueden provocar tos permanente y disnea.
Los efectos secundarios de la radiación al cerebro usualmente se tornan más graves uno o dos años después del tratamiento, e incluyen dolor de cabeza y dificultad para pensar.
Ablación por radiofrecuencia
Aunque no es un tratamiento de radioterapia externa
ni interna, la ablación por radiofrecuencia (RFA) es
un procedimiento mínimamente invasivo y bien
tolerado, que consiste en colocar un dispositivo
dentro del tumor que transmite una corriente
eléctrica alterna (energía de radiofrecuencia) que
genera calor en el lugar de la lesión. Este calor
provoca coagulación y destrucción celular, actuando
directamente y dando como resultado la destrucción
del tumor.
Es un procedimiento seguro, al que se asocian pocas
complicaciones. El radiólogo intervencionista coloca
el dispositivo a través de una incisión o por medio
de laparoscopia. En algunos casos, la ablación por
radiofrecuencia también puede practicarse por medio
de pequeños pinchazos en la piel (vía percutánea).
De todos modos, esta técnica está aún en sus
comienzos, y no puede sustituir otras opciones de
tratamiento clásicas, como la radioterapia.
Bibliografía:
- American Cancer Society. www.cancer.org
- Sociedad Española de Oncología Médica. www.seom.org
- American Lung Association
- Todocancer.com
- Protocolos de la especialidad de Radiofísica del hospital 12 de octubre.
- Guía de cáncer de pulmón de la Aecc y el Ministerio de Sanidad
.